Desde
la década de los ´90 que el Rock más “heavy” se ha estado incorporando en la
sociedad chilena. Un sinnúmero de bandas tocan hoy en la capital estilos como
Black Metal, Thrash Metal, Deth Metal, por nombrar algunos, pero no sólo ello
es la realidad que viven muchos de sus seguidores.
Actualmente,
quienes se iniciaron en esta tendencia en Chile son personas que integran un
grupo etario mayor, con un poder adquisitivo más elevado y, lo más importante,
un desarrollo y criterio mental formado.
Es
en este sentido que dicha manera de pensar y su evolución, sumado a lo que ha
significado el Rock durante su historia, haciéndose presente siempre como un
estilo muy crítico, que va más allá de la vestimenta de sus simpatizantes, la
música y su manera de divertirse, se ha instaurado entre las personas, quienes
plantean su desarrollo diario de una forma distinta.
No
se trata de vivir discutiendo por la vida, sí de seguir un camino específico,
sin contradicciones, luchando por lo que de verdad se cree que se puede lograr
con el pasar en este mucho. Los estudiantes y su pelea por la mejor en la
educación son un buen ejemplo, o la ayuda que se prestó tras el terremoto de
2010, en la cual participó Roger Waters, entre otros.
Se trata
de una visión más consecuente con la vida, adquiriendo intrínsecamente
aptitudes que ayuden a alcanzar un objetivo, sin tener que sentirse mal luego
de haber ejecutado cualquier acto. A veces el “fin no justifica los medios”,
y es precisamente lo que sigue
evidenciando la influencia del Rock en las personas; Woodstock y el hippismo
son quizá de las mejores vitrinas para mostrar aquello, debido al fenómeno
involutivo que ocurrió con todos esos jóvenes que se aburrieron de las
comodidades de sus hogares y decidieron volver a un estado que los tuviera más
conectado con la naturaleza, lo que se les dio, no buscando intereses
personales, sino que colectivos, usando el arma más poderosa: la razón, no la
fuerza.

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